La muerte de Jorge Messi sacudió al mundo del fútbol y golpeó especialmente a una familia que durante décadas convivió con la exposición que rodeó la carrera de Lionel Messi. Su nombre quedó inevitablemente ligado al del capitán argentino: fue su representante, intervino en algunas de las negociaciones más importantes de su trayectoria y estuvo a su lado desde aquellos primeros años en los que el sueño todavía parecía demasiado grande. Pero, para Messi, antes que todo eso siempre fue su papá.

A lo largo de los años, Lionel habló en distintas oportunidades sobre esa relación. Y entre sus recuerdos aparece una constante: la necesidad de conocer la opinión de su padre después de cada partido.

“Yo siempre fui crítico conmigo, pero siempre necesité la aprobación de mi viejo, desde chiquito. Terminaba un partido y le preguntaba a él”, contó alguna vez el rosarino.

Jorge conocía el fútbol desde adentro. Había jugado hasta que una lesión en el tendón terminó alejándolo definitivamente de las canchas. Quizás por eso, cuando su hijo comenzó a recorrer un camino que terminaría llevándolo a la cima, encontró en él a uno de sus interlocutores más exigentes.

“Mi viejo me ayudó muchísimo. Es muy crítico conmigo, eso hizo que siempre yo quiera superarme”, explicó Messi. La comparación con su mamá, Celia, mostraba también las diferentes maneras en que cada uno acompañaba su carrera: “Para mi vieja siempre fui el mejor por más que haya sido un desastre. Para ella siempre juego bien en todos los partidos, la culpa nunca es mía”.

Con Jorge era distinto. Después de un gran partido podía aparecer una observación, un error que corregir o una oportunidad desperdiciada. “Jugaba un partidazo y me decía: ‘te comiste una’. Me jugaba con eso. Me hacía bien, me hacía querer superarme. Somos los dos más críticos”, recordó.

Ese vínculo se había construido mucho antes de los estadios llenos, los Balones de Oro y los títulos con la Selección. Durante la infancia de Lionel, Jorge trabajaba durante largas jornadas para sostener a la familia. Messi contó que su padre se levantaba a las cuatro de la mañana y regresaba recién para cenar.

“Tengo muchas cosas de él, pero laburaba todo el día y no compartía tanto tiempo con nosotros. Cuando nos veíamos lo disfrutaba, no me cagaba a pedos nunca. Yo lo extrañaba”, relató. Con los años, esa experiencia también influyó en su propia paternidad: “Hoy tengo la suerte de disfrutar con mis hijos mucho más. Intento copiar a mis viejos en la crianza de mis hijos”.

Cuando Lionel dejó Rosario siendo apenas un adolescente para iniciar su formación en Barcelona, Jorge fue uno de los pilares de aquella aventura familiar. Después llegaría también el rol de representante y la responsabilidad de administrar una carrera que fue creciendo hasta alcanzar dimensiones difíciles de imaginar.

Sin embargo, entre ellos el fútbol nunca dejó de conservar algo de aquellas conversaciones entre padre e hijo. “Jorge es una persona a la que le encanta el fútbol, le gusta opinar conmigo. Hablamos de mis partidos en Barcelona y la Selección”, explicó Messi.

La enorme exposición también tuvo un costo. Durante años, Jorge fue señalado por supuestas influencias sobre decisiones deportivas e incluso sobre la conformación de la Selección Argentina. Lionel salió públicamente a defenderlo.

“Decían que él y yo armábamos la Selección, que ponía jugadores... Lo metieron en el medio de muchísimas cosas que nada que ver”, lamentó. Y entonces hizo una distinción que revelaba cuánto le afectaban esas acusaciones: “Una cosa es que lo digan de mí, que soy el jugador, pero ¿de mi viejo? Realmente la que sufre es la familia”.

Jorge Messi estuvo detrás de contratos, reuniones y decisiones trascendentales, pero su lugar en la vida del futbolista más importante de la historia argentina difícilmente pueda explicarse solamente desde los negocios.

Para Lionel fue el hombre al que podía escribirle después de un partido. El que encontraba algo para corregir incluso cuando todo había salido bien. El que trabajaba desde la madrugada cuando todavía no existían Barcelona, la Selección ni la fama mundial.

Y también fue aquel cuya aprobación, según reconoció el propio Messi, siguió buscando desde que era apenas un chico que jugaba al fútbol en Rosario.